Nuestro Hogar Interplanetario

hogar interplanetarioCada uno de nosotros, al nacer, ya tiene asignada una tarea sobre esta tierra. El asunto es que nadie la conoce y será una tarea ardua descubrirla, será una lucha interna entre el instinto y la necesidad en la insondable búsqueda del “Yo” y su función con el entorno. Ese entorno está compuesto por todos nuestros semejantes  y el medio ambiente que facilita la vida, para que podamos cumplir nuestra tarea asignada.

La tarea que se nos ha asignado es, simplemente, vivir. Vivir sobre este planeta con la condición que no lo destruyamos. Independientemente de lo que queramos hacer con nuestra vida, de lo que nos indiquen nuestras inclinaciones innatas, o nuestras vocaciones de vida, tenemos que cumplir con una regla universal: la conservación y preservación de la vida que nos rodea. Del cumplimiento de esta única norma universal depende que seamos seres beneficiosos para nuestro planeta o que seamos parásitos dañinos para nuestro entorno, inclusive para nosotros mismos.

Cada nacimiento humano es único en su especie, aunque nacen cientos de miles diariamente. Es único porque nuestros instintos vienen a ser sometidos por la razón y condicionados por el mismo entorno donde nos toca desenvolvernos. Es único porque cada uno tiene que comenzar desde cero su tránsito por la vida, aprendiendo, errando, corrigiendo y aprendiendo de nuevo., siempre con un objetivo: vivir. Para lograrlo aprendemos a convivir con nuestros semejantes y a unir esfuerzos en la búsqueda de objetivos sociales comunes, como son la satisfacción de nuestras necesidades individuales y colectivas.

Cada generación histórica ha tenido que tomar conciencia de su existencia para lograr avanzar hacia etapas sucesivas de vida comunitaria, de relaciones internas y externas. Esa es la principal diferencia entre humanos y animales: la capacidad de socializar en la consecución de beneficios comunes. Sin embargo, para lograr satisfacer nuestras necesidades colectivas hemos utilizado recursos naturales más allá de su capacidad regenerativa, bien sea por ignorancia que por indolencia. Estamos descubriendo la fragilidad del medio ambiente que nos sustenta y que nuestro abuso generacional está haciendo merma en nuestra propia expectativa de vida colectiva.

También la generación actual debe tomar conciencia sobre el planeta en que nos desenvolvemos, sobre sus vulnerabilidades que son nuestras propias debilidades, sobre nuestra  obligación existencial de preservarlo y mantenerlo, por el bien de la supervivencia de nuestra especie. De allí que se hace necesario divulgar ideas y unir esfuerzos para revertir o mitigar los daños que nosotros, o nuestros semejantes, hayamos podido hacer sobre este, nuestro único hogar interplanetario.

 

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